Carta de amor de Simone de Beauvoir a Nelson Algren

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Carta de amor de Simone de Beauvoir a Nelson Algren.
1953

Viernes Cariño, he recibido tu última carta esta misma mañana. ¿Sabes una cosa? No es que te eche en falta demasiado, pero sí te echo en falta. Te voy contar un secreto, que quede entre tú y yo: cuando me encontré el lunes con tus cartas, sobre todo con esa en la que dices que a veces, por las mañanas, sientes que una especie de muerte se va asentando en ti, una muerte entre tú y yo, por estar los dos lejos, lejísimos, y durante demasiado tiempo, tuve un verdadero dolor de corazón, no un simple latigazo, sino una verdadera crispación de angustia. Olga y Bost se marchaban a Roma a la mañana siguiente, así que fuimos a beber para celebrar la última noche de Bost en París, y yo bebí demasiado, y de repente, a las dos de la madrugada, la banda de jazz tocó una melodía norteamericana que habíamos oído juntos, y eso sí me causó tal dolor de corazón que a punto estuve de desmayarme por primera vez en mi vida. Ya lo ves, aunque me empeñe en combatir contra esos dolores, mi corazón-helicóptero sigue profundamente unido a ti. Nelson, por favor, gana algo de dinero y ven a París. No soporto la idea de que no nos volvamos a ver nunca más. De todos modos, como deseas venir algún día, sé que vendrás. Sigo esperándote, y no dejaré de esperarte hasta el día en que vengas y bebas whisky conmigo. Tenemos que hacerlo. Combato contra los dolores de corazón, pero nunca combatiré contra la alegría y la felicidad que sentiré cuando aterrices aquí. Me parece muy dulce por tu parte pensar en escribir algún día un libro para mí. Deberías hacerlo. Yo sigo escribiendo el «tuyo» y ya se acerca al final, aunque ha sido muy arduo de escribir, el más arduo de los que he escrito.
Sí, me gustaría leer el libro de Geismar, y probablemente lo utilice en Les Temps modernes para que la gen¬te de aquí sepa qué es o qué fue positivo en tu país. Me gustó la crítica que te hizo, está claro que sabe qué es la literatura. Y también me gustó lo que decías sobre Mickey Spillane; he leído algunos libros suyos, pues me gusta esa especie de no literatura, pero debo decir que jamás habría supuesto que fuese un hombre religioso. Me gustó mucho Un hombre con botas a pesar de sus defectos. Me parece buena idea rehacerla ahora que de veras sabes cómo escribir. Y espero que te dé algún dinero.
Me interesó mucho todo lo que dices sobre los Rosenberg. Me acuerdo de la primera vez que tuve noticias del caso, leyendo The Guardian, sentada en el sofá, cuando tú me hablaste de ellos. Supongo que tienes toda la razón, que es difícil confiar demasiado en Rusia. El asunto Beria es sumamente extraño. Nos gustaría tener alguna esperanza puesta en Norteamérica, pero cada vez que lo comento me parece una esperanza descabellada.
El viaje por Yugoslavia fue emocionante. Es un país terriblemente pobre, aunque tiene una acusada diferencia con el sur de Italia, que visité el año pasado y que también es terriblemente pobre. En el sur de Italia no trabajaba nadie, toda la tierra es propiedad de los ricos terratenientes que viven lejos de allí, una siente una mezcla de compasión y de asco ante ese detestable estado de cosas. En Yugoslavia, en cambio, nadie es rico, todo el mundo trabaja y tiene sus esperanzas, hay grandes escuelas a las que han de asistir todos los niños hasta los dieciséis años; allí se nota la dura pugna que mantienen los hombres de buena voluntad contra la aspereza de la tierra. Y es una pugna difícil, porque estos campesinos, que son casi tan primitivos y tan ignorantes como los campesinos de la India, tienen que convertirse en obreros industriales, en mecánicos. De momento ya han logrado construir ciudades, carreteras, puentes: la más mínima carretera, y qué decir de los puentes, son conmovedores, pues representan una dura conquista. ¡Qué lejos queda de la riqueza de Suiza e incluso de la riqueza del norte de Italia! Tuvimos que llevar aceite para el coche, pues allí no existe; no tienen medios para reparar un automóvil, y prácticamente no tienen qué comer; por eso fue complicado el viaje, sobre todo cuando hacía mucho calor, y por eso mismo no estuve más que diez días. Son bellos los paisajes y también algunas ciudades, sobre todo una musulmana, en la que hay mezquitas y mujeres que aún llevan velo y visten largos pantalones a la turca, todo muy interesante; la gente es realmente encantadora. Hablábamos con ellos solo en alemán, por más que odian a los alemanes y adoran Francia.
Ahora me quedaré un tiempo en París, hace buen tiempo, mucha gente se ha ido fuera; espero trabajar de firme. Recibí una carta de Nathalie; me parece que está algo mejor, ¡y quiere hacerse psicoanalista de niños! Extraña idea, ya que ella no entiende a nadie y solo se preocupa de sí misma.
Cariño, ten la seguridad de que aquí todo el mundo te echa de menos como mínimo dos veces al año, y de que yo no paso un solo día sin pensar en ti con todo mi amor.
He conservado todos nuestros recuerdos, no los pierdo nunca, nunca te vas de mi corazón. No habrá muerte entre tú y yo.

Tu Simone, con el corazón fiel.

1 comentario

  1. Cariño, ten la seguridad de que aquí todo el mundo te echa de menos como mínimo dos veces al año, y de que yo no paso un solo día sin pensar en ti con todo mi amor.
    He conservado todos nuestros recuerdos, no los pierdo nunca, nunca te vas de mi corazón. No habrá muerte entre tú y yo.

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