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Amor

 

Archivo de la Categoría ‘Cartas de amor’

04
Ago
2010

Carta de amor de Luís I de Baviera a Lola Montes

Escrito por nieves en Cartas de amor

Carta de amor de Luís I de Baviera a Lola Montes.
6 de julio de 1847

Lolita mía, el mundo te odia y te persigue; pero por mucho que se esfuercen tus enemigos para desunirnos, mi corazón se estrechará más cada vez con el tuyo. Cuando más te odian, más amada eres, y más firmemente adquieres lo que desearían quitarte; jamás me separaré de ti.
No odian a las otras mujeres; solo están furiosos contra ti; todo lo que tú haces es para ellos un crimen; querrían castigar hasta tus palabras como si fuesen acciones. Pero la bondad del corazón se descubre por sí misma; posees una alma noblemente elevada; con todo, los bajos que se supo­nen grandes, quisieran echarte de aquí como a un paria.
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01
Ago
2010

Carta de amor de Johann Strauss a Olga Smirnitzk

Escrito por nieves en Cartas de amor

Carta de amor de Johann Strauss a Olga Smirnitzk.

Varsovia 30 de julio de 1859

Olga! Qué feliz me sentiría si te pudiese abrazar en este instante, tal como te apreté contra mi corazón esta mañana. Siento ahora más profundo aún mi apasionado amor hacia ti después de haber penetrado hondamente en mi corazón los melodiosos sonidos, los gritos dolorosos de Schumann, que sufre de los mismos sentimientos y es infeliz como yo. ¿Niña mía, puedes comprender por qué soy infeliz? Porque en este instante no puedo comunicar mi dolor a nadie, porque necesito, para mi consuelo, de la comprensión.

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28
Jul
2010

Carta de amor de de Edgard Allan Poe a Annie L. Richmond

Escrito por nieves en Cartas de amor

Carta de amor de Edgard Allan Poe a Annie L. Richmond.
Jordfiam, 16 de noviembre de 1848

OH, Annie, Annie! ¡Mi Annie! Qué crueles pensamientos sobre tu Eddy deben de haber estado torturando tu corazón durante las dos últimas terribles semanas, en las que no has tenido ninguna noticia de mí, ni siquiera una palabra que dijera que todavía vivía y te amaba. Pero, Annie, yo sé que tú sentías profundamente la naturaleza de mi amor por ti, tanto como para no po­nerlo en duda, ni siquiera por un momento, y este pensamiento me ha confortado en mi amarga tristeza; puedo estar seguro de que tú imaginarías cualquier otra desgracia excepto esta: que mi alma había sido desleal con la tuya.
Por qué no estaré ahora contigo, querida, de manera que pudiera sentarme a tu lado, apretar tu querida mano en la mía y mirar a las profundidades del cielo claro de tus ojos; de manera que las palabras que ahora solo pue­do escribir se grabaran en tu corazón y te hicieran entender lo que quiero decir y, Annie, todo lo que deseo decir, todo lo que mi alma suspira por expresar en este instante está incluido en la palabra amor.

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26
Jul
2010

Carta de amor de Richard Wagner a Mathilde

Escrito por nieves en Cartas de amor

Carta de amor de Richard Wagner a Mathilde
Venecia, 1 de enero de 1859

No! ¡No te arrepientas nunca de aquellas caricias con que embelleciste mi pobre vida! ¡No conocía estas flores deliciosas que brotan del suelo purísimo del más noble amor! Lo que soñé como poeta tuvo que realizarse alguna vez tan maravillosamente; este rocío delicioso que reconforta suavemente y transfigura tuvo que caer alguna vez sobre el suelo vulgar de mi existencia terrestre. No lo había esperado nunca, y sin embargo es como si lo hubiera sabido. Ahora estoy ennoblecido: he sido elevado al supremo rango. Sobre tu corazón, en tus ojos, de tus labios, fui liberado del mundo. Cada pulgada de mi cuerpo es ahora libre y noble. ¡El saberme amado por ti tan plenamente, tan dulce y sin embargo tan castamente, me hace temblar de sagrado pavor ante mi propia gloria! Ay, aún lo respiro, aquel mágico perfume de las flores que recogiste en tu corazón para mí: no fue­ron brotes de vida; así exhalan su perfume las flores milagrosas de la muerte celestial, de la vida eterna. Así adornaron, en tiempos lejanos, el cadáver del héroe antes de convertirlo en cenizas divinas; en esa tumba de llamas y fragancias se precipitó la amante para unir sus cenizas con las del amado. ¡Entonces fueron uno! ¡Un solo elemento! ¡No dos seres vivientes: una misma materia divina para la eternidad!

¡No! ¡Nunca te arrepientas! ¡Aquellas llamas ardieron luminosas, puras y claras! No la ensució nunca el sombrío incendio ni el humo impuro ni los vapores de angustia, aquella llama pura y casta que jamás brilló tan limpia y aureolada como para nosotros, por lo cual nadie puede conocerla.

Tus caricias… son la corona de mi vida, las deliciosas rosas que florecen de la guirnalda de espinas con que estuvo adornada mi cabeza. ¡Ahora me siento orgulloso y

feliz! ¡Sin deseo, sin apetencia! ¡Goce, suprema conciencia fuerza y capacidad para todo, para afrontar cualquier tempestad de la vida! ¡No! ¡No! ¡No te arrepientas! ¡No te arrepientas! ¡Nunca!

23
Jul
2010

Carta de amor de Claude Debussy a Emma

Escrito por nieves en Cartas de amor

Carta de amor de Claude Debussy a Emma.
Roma, sábado 21 de febrero de 1914

Al fin! Tengo tu primer telegrama, esta mañana a las nueve y media… ¡No reemplaza una carta, y además ha pasado por tantas manos (telegrama a ocho manos) que ya nada tuyo contiene, salvo unos rápidos «cariños» a través del espacio!
Perdóname la carta desconsolada que recibirás al mismo tiempo que esta. ¡Fui demasiado infeliz! Y esta noche, incapaz de dormir, con la doble inquietud de no tener noticias tuyas y saberte envuelta en preocupaciones…
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19
Jul
2010

Carta de amor de Héctor Berlioz a Estelle

Escrito por nieves en Cartas de amor

Carta de amor de Héctor Berlioz a Estelle.
Paris, 2 de octubre de 1864

Señora:
¡Su carta es una obra maestra de triste sabiduría. He esperado hasta hoy para contestarle, en la esperanza de dominar la abrumadora emoción que me causó. Sí, tiene usted razón: «no debe formar muevas amistades, debe evitar todo lo que pudiere turbar su existencia, etc.». Mas yo no la hubiese turbado, esté segura de ello, y esa amistad que yo solicitaba humildemente para un tiempo más o menos largo nunca le hubiera resultado molesta. (¡Piense lo cruel que ha debido parecerme esa palabra!) Me basta lo que usted se digne concederme, algunos sentimientos afectuosos, un lugar en sus recuerdos, y un poco de interés por los sucesos de mi carrera artística. Gracias, señora. Estoy a sus pies, beso respetuosamente sus manos. Me dice, señora, que podré recibir de modo irregular, y de vez en cuando, una respuesta a mis cartas; gracias otra vez por su promesa. Lo que solicito con ruegos, con lágrimas, es la posibilidad de tener noticias suyas. Usted habla con tanta resolución de la vejez y de los años que me atreveré a imitarla. ¡Espero morir primero, y poder enviarle lúcidamente un último adiós! Si acontece lo contrario, que yo sepa que usted ha dejado este triste mundo… Que su hijo me advierta… perdón… Mis cartas no deben ser dirigidas al azar. Concédame lo que daría a cualquier persona, su dirección en Ginebra.
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