Más allá del deseo y la decepción

0
580

Felices de los que no desean nada, ya que nunca sufrirán decepciones. ¿Acaso todo el que desea algo juega a perder? ¿Es cierto que mientras más difícil sea conseguir lo que deseamos, lo deseamos con mas ardor?

Pero hay que distinguir entre querer y desear. Querer no es más que la aceptación de un bien o una satisfacción, que muchas veces viene del instinto o de la costumbre. Desear es necesitar algo tan desesperadamente que es casi imposible pensar o imaginar otra cosa que no sea una forma de satisfacer ese deseo. Además el deseo es necesariamente alimentado por la imaginación, ya que el deseo no cabe en los límites de la razón.

¿Es tan terrible la desesperación que causa el deseo? ¿Si lo es, por qué la buscamos? ¿Mientras más trabajo te cueste hacer algo mayor será la satisfacción el verlo terminado? ¿Y después qué? La desesperación es más bien como el hambre que uno siente mientras uno prepara una cena muy cuidadosamente… uno tarda bastante, pero al saborear… ¿valió la pena? A veces. En cambio, si uno se prepara al aventón lo primero que vea, se quitará el hambre, pero no el deseo de comer bien, si es que hay. Se podría decir que disfrutamos esa desesperación, ya que nos saboreamos el momento en el que nuestro deseo quede satisfecho. Es mucho peor el vacío de no desear nada, ya que al tener algo por que luchar (el cumplimiento del deseo), por más que duela, le da un significado a nuestra vida. La vida en ese momento tiene el fin de satisfacer el deseo. Claro que hay otras formas de darle sentido a nuestras vidas, pero esta es de las más fáciles, y de las menos trágicas. Al dejar de desear algo, de luchar por él, nuestra vida pierde ese significado, dejándonos con un hueco el cual hay que llenar. Lo paradójico es que se desea llenar esa falta de deseo. Entonces, ¿nuestra vida perdió un significado, o ganó una paradoja?

¿Pero qué es lo que causa el deseo? Es algo bastante complicado. Bueno, primero, uno desea lo que no tiene, pero no todo lo que uno no tiene es deseado. Además depende de lo que se desea. Tal vez sea para satisfacer un placer, pero no todos los deseos satisfacen placeres y no todos los placeres insatisfechos provocan deseos. Además parece ser que siempre el deseo va acompañado de cierto grado de egoísmo. A veces es una especie de curiosidad por lo desconocido, ya que cuando uno lo conquista el deseo lo deja de desear. O probablemente sea una necesidad de sorprendernos, y cuando nos deja de sorprender lo dejamos de desear. ¿Pero por qué habría de tener una causa específica?

Es cierto que los deseos no satisfechos nos traen decepciones. Pero los deseos satisfechos nos traen satisfacciones. ¿Cual es mayor? Creo que mientras más sufra uno, más apreciará los momentos de felicidad, y vice versa. El que no desea nada no sufre decepciones, pero tampoco satisfacciones. Está más allá del deseo y la decepción. ¿En realidad es feliz? No es feliz, pero tampoco desdichado. Más bien se aburre de lo lindo. ¿Entonces qué es mejor? Parece que no importa uno qué camino escoja, la balanza de dicha y dolor siempre quedará balanceada. Depende del espíritu de cada quién cuál se nos acomode mejor.

Carlos Gershenson

Vía: noahazul

Dejar respuesta