Poemas – Apaisement

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Tus ojos y mis ojos se contemplan

en la quietud crepuscular.

Nos bebemos el alma lentamente 

y se nos duerme el desear. 

 

Como dos niños que jamás supieron

de los ardores del amor,

en la paz de la tarde nos miramos

con la novedad de corazón.

 

Violeta era el color de la montaña.

Ahora azul, azul está.

Era una soledad de cierlo. Ahora

por él la luna de oro va.

 

Me sabe tuyo, te recuerdo mía. 

Somos el hombre y la mujer. 

Conscientes de ser nuestro, nos miramos

en el sereno atardecer. 

 

Son del color del agua tus pupilas:

del color del auga del mar.

Desnuda, en ellas se sumerge mi alma 

con sed de amor y eternidad. 

 

Manuel Magallanes

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