¡Oh, cuál te adoro con la luz del día,
tu nombre invoco apansionada y triste,
y cuando el cielo en sombras se reviste
aún te llama exaltada el alma mía!
Tú eres el tiempo que mis horas guía,
tú eres la idea que a mi mente asiste,
porque en ti se concentra cuanto eciste,
mi pasión, mi esperanza, mi poesía.
No hay canto que igualar pueda a tu acento
cuando tu amor me cuentas y deliras,
revelando la fe de tu contento;
tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras,
y quisiera exhalar mi último aliento
abrasada en el aire que respiras.