Poesías de boda II

Un ruego

Ahora que el amor le lleva uno hacia el otro y que parece que el mundo ya no

Nada más fuera de este obsesionarse sesión para poder teneros siempre, yo quiero hacer un ruego a los Celestes,

Que ellos le guarden de cerrar sesión en el tris abrigo solitario donde el Amor se desvirtúa,

Que ellos os hagan solidarios de la gran corriente de la vida, generosos en la carne,

Que al espíritu da fuerza, y generosos de corazón, que en la carne da sentido.

Que lo que el Tiempo, que es voraz, se apresura a querer comerse – fidelidad, alegría…-

Vosotros, con fuerza doble, corriendo más que él, amándote, pueda llevarlo a su estallido.

Así el gozo de sus cuerpos en este Junio ​​tan pletórico será del Amor prenda en un Junio solar y eterno.

Narcís Comadira

 

Epístola para una boda

Esta carta, que deberá ser leída, no es de verdad por ahora,

Que es para más tarde, para el día incierto cuando despertamos al alba para el sueño y el sueño que descansa el cuerpo no puede seguir descansando hacernos de la vida.

Quiero que entonces recordemos, dulce por la añoranza, el encuentro-apuesta oculta del destino-,

Las dudas, la perplejidad, la sorpresa, el querer y el azar que nos han llevado aquí.

Quiero que entonces recordamos, con una sonrisa, las pequeñeces que la felicidad retrasa como un gato vago en el regazo: la ternura en las comidas y los alcoholes, los libros amigos, espectáculos que no siempre es fácil de amar y compartir.

Quiero que entonces recordamos, sin esfuerzo, lo que hemos ido aprendiendo, como niños, día a día: la placidez del abrazo, la seducción de las palabras y el confort callado de ir creciendo en un tiempo que son los nuestros porque hemos querido aceptar las tristezas, las pasiones, el espacio oscuro y lento oreo cálido del reto amable de vivir juntos.

Francesc Parcerisas

Fuente: en femenino

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